Sentí tu pulso

Cambia tu cerebro, cambias vos. Estanislao Bachrach

La Forma En Que Respiras – Alejandra Calcaterra

Cambia tu cerebro, cambias vos. Estanislao Bachrach

Aunque seamos distintos, no estemos distantes. Alejandro de Barbieri

Meditación para no meditadores

Por Patricia Álvarez

Paso Tres: Saboreando sabores.

Continuando con el proceso de poner nuestra mente a meditar, a través de la reconquista de los sentidos, hoy nos vamos a encontrar con el sentido del sabor. Es recomendable dedicar antes unos segundos a repasar la consciencia del sentido de la vista y del oído, para lograr mejores resultados, pero no es imprescindible, podemos escoger directamente conectarnos con el gusto o sabor.

La consciencia del sabor va a llevar dos pasos dentro del proceso y la primera es una rutina similar a los sentidos anteriores: solo saborear “la nada” dentro de tu boca, solo salivar dándote cuenta o recordando que tienes ese sentido, “¿solo eso?”. Si, solo tomar consciencia de que tenés un sentido del gusto o sabor y quedarte sintiéndolo en la memoria tanto tiempo como puedas, recordando sabores de tu conocimiento, sin pensar en nada más que en eso y hacerlo sin juicios, es decir, si te vienen a la mente sabores desagradables, no los descartes ni rechaces, solo seguí sintiendo hasta que venga otro.

El segundo paso de la reconquista del sabor es seguramente, el más simple de los procesos, porque es parte de nuestra rutina diaria ingerir alimentos y bebidas, y con cierta frecuencia los tomamos como parte de una celebración que puede ser un festejo o solo degustando algo que no es parte de la rutina, sino lo que llamamos “una comida especial”.

En este caso, la tarea se trata de convertir todas nuestras rutinas alimenticias en algo especial, tantas veces como te acuerdes, al ingerir un alimento o líquido, vas a sentirte agradecido con tu sentido del gusto o sabor.

La idea es hacerlo con todos los alimentos y bebidas, pero muy especialmente con los que son más frecuentes, porque aunque parezca mentira, son los que tendemos a “olvidar” o tan solo a dejar de maravillarnos. Y, en realidad, todas las creaciones alimenticias, por más rutinarias que sean, son una delicia gracias al sentido del gusto, si no, daría igual alimentarse con pildoritas como en algunas las películas “futuristas”.

Por ejemplo, les cuento mi caso: la primera vez que comí un alfajor de maicena me gustó mucho, lo saboreé con ganas, me deleité y lo comí con lentitud, esa sensación se repitió en los próximos…¿diez?, ¿veinte?, ¿cincuenta?, no lo sé con exactitud, pero lo que si sé es que después de cierto punto, dejé de considerarlos una maravilla y se convirtieron en “un postre que me gusta”, en el mejor de los casos “que me gusta mucho”, pero ya no me parecieron una maravilla culinaria. A partir de este ejercicio, cada vez que como uno me detengo unos segundos a sentir todos sus ingredientes, a concientizar la maravilla que es, lo saboreo con lentitud y me conecto con mi sentido del gusto.

Pero eso no es todo, porque es muy fácil hacerlo con algo que me gusta mucho, el reto es hacerlo con todo lo que ingiero: detenerme a sentir todos los ingredientes o en el caso de algo tan simple como un vaso de agua, detenerme a sentir su paso por mi boca recordando mi sentido del gusto.

Como siempre decimos: cada vez que te acuerdes, por el tiempo que tengas, y sin alterar tu rutina, solo darle unos segundos a cada sentido para que vayas conectando con todos. Meditar es solo detener el pensamiento y darle espacio a la consciencia, profundizar es cuestión de práctica. Exigirte mucho solo te lleva a frustraciones y la idea es que disfrutes cada parte del proceso hasta incorporarlo a tu vida.

Paso Cuatro: Olfato, el sentido rebelde.

En nuestro cuarto paso de la “meditación para no meditadores” entramos en consciencia del olfato, al que suelo llamar “el sentido rebelde”, un poco porque su relación con el sabor es bastante cercana y otro poco porque es difícil de evadir, digamos que anda bastante “por su cuenta”, mucho más que los otros sentidos.

Digamos que es bastante más simple dejar de ver, de oír y de degustar, que de oler. Sentimos con la misma facilidad involuntaria los ricos olores que los feos y al mismo tiempo, es un sentido que usamos poco voluntariamente para el disfrute.

A diario escogemos mirar muchas cosas, también oír, saborear o tocar, pero rara vez en la rutina de la vida, decidimos oler algo y es precisamente por eso que le ponemos especial atención a su reconquista. Quizás cabe aclarar que en algunas profesiones no es así, pero en general, lo es.

En su defensa podemos decir que es sorpresivamente evocador de emociones ocultas, quizás mucho más que los otros sentidos, cuyas memorias resultan más evidentes.

Así mismo, toda vez que decidimos entrar en este proceso meditativo de reconexión con los sentidos, resulta muy simple conectarnos: solo recordar oler, detenernos segundos o minutos, según sea nuestro tiempo, varias veces al día a oler todo lo que este en nuestro ambiente familiar, laboral o en la calle.

Seguramente los aromas más frecuentes en tu vida serán el de la comida y el de los implementos de aseo corporal, y esos, normalmente, son los que escoges, pero, más allá de eso, donde quiera que estés cuando te acuerdes, sin detener la actividad que estás haciendo simplemente inspira profundo y huele lo que hay a tu alrededor, tomado consciencia lo que lo genera, sin enjuiciar en rico o feo, ni en “me gusta o no me gusta” solo oler.

Te sorprenderá darte cuenta cuantos olores se te van escapando en la rutina, y lo simpático e irónico de la situación es que los que se te escapan son los agradables ya que un olor feo difícilmente pasa desapercibido, pero de los olores ricos, nos perdemos la mitad y a veces más.

Un ejercicio interesante y simpático es ir tomando nota mental de los olores que “descubres” en tu ambiente de rutina, olores que están ahí pero no los registras y continuar maravillándote con los regalos que te dan los sentidos a tu vida.

¡Estás muy cerca de convertirte en un Gran Meditador!

Meditación para no meditadores

Por Patricia Álvarez. 

Primer paso: reconquistar el sentido de la Vista

El entrenamiento es el procedimiento pensado para adquirir habilidades, conocimientos y capacidades. Puede ser físico, mental o combinado, es sistemático y progresivo, la frecuencia lo hace mecánico.

Si saltamos partes de ese proceso de entrenamiento e intentamos hacer prácticas avanzadas con un corto entrenamiento es posible que a la no consecución de resultados, se le sume la frustración por no lograrlo.

Meditar también requiere de entrenamiento y la propuesta es tomar el control de los pensamientos de manera sistemática y progresiva, hasta poder adquirir la habilidad y hacerlo de manera mecánica.

Nuestra mente tiene experticia y mucho entrenamiento en saltar de un pensamiento a otro de manera sistemática, si le ordenás “ponerse en blanco” así, de sopetón, como si fuera una “mente experta”, solo generas confusión y a veces, frustración.

Hoy te proponemos un objetivo “chico” pero Importante en el proceso de meditar: reconquistar el sentido de la vista.

Usamos el sentido de la vista continuamente desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, pero no necesariamente somos conscientes de todo su valor, entre otras cosas porque la mente está atrapada en el pensamiento.

Al despertarnos, “se despierta el pensamiento” y si bien miramos todas las cosas que están en nuestra habitación, en general, no las vemos, porque el pensamiento de “lo que tengo que hacer” o “ lo que está sucediendo en tal o cual situación“ nos ocupa prácticamente todos los sentidos y el Sentido de la vista va quedando un poco sobrentendido.

A medida que avanza el día, el pensamiento avanza con nuestro cuerpo, pero no necesariamente esta en el mismo lugar que nosotros, gran parte del tiempo está planificando , recordando o enjuiciando, por lo tanto , más de la mitad de las cosas que nos rodean “no las vemos”.

– El primer paso de esta práctica consiste en que al despertarte uses los primeros minutos para tomar consciencia de la vista de la siguiente manera:

Mirá todo lo que está a tu alrededor, sin detener la mirada en nada y sin obviar nada, solo dándote cuenta de lo que hay a tu alrededor. Esto puede durar de 1 a 10 minutos, según dispongas.

Es así de simple, Solo Mirar, con una única condición: Sin Juicios ni Calificativos es decir, si cuando mirás ves algo que esta desordenado, o sucio o feo o lindo, no le des “alas” al pensamiento para que se enganche, tampoco te pelees con el pensamiento , solo saltá la vista a la siguiente cosa, de la habitación, volvé a mirar todo, sin detenerte en nada.

Cuando termine tu práctica tendrás oportunidad de calificarlo y tomar las acciones que consideres respecto a todo lo que viste, pero por el momento del ejercicio, solo mirar cada cosa una y otra vez.

– El próximo paso es hacer lo mismo antes de dormir: 1 a 10 minutos solo para darte cuenta de lo que te rodea, sin juicios ni calificativos.

– Una vez que tengas el ejercicio incorporado a tu rutina al despertar y antes de dormir, lo repetís cada vez que te acuerdes: en el baño, en la cocina, en el ómnibus, en el coche, al entrar al trabajo, donde sea, tomate 1 minuto para Concientizar el sentido de la Vista tantas veces como sea posible.

A este momento te estarás preguntando, ¿qué tiene que ver esto con meditar? La meditación es la búsqueda de la consciencia y con ella el sentido de la vida, para J. Krishnamurti esa consciencia parte del silencio total del pensamiento y como te decíamos al principio, es mucho más simple entrenar al pensamiento de a poco , que tratar de dominarlo a la fuerza, porque el pensamiento ya fue entrenado para todo lo contrario.

Si lográs este incorporar a tu rutina el habito de Mirar todo lo que está a tu alrededor sin enjuiciar ni calificar, estarás dando un paso Gigante en el control del pensamiento. Adicionalmente esa pequeña frustración que produce el “no lograr poner la mente en blanco” quedara minimizada por el éxito de reconquistar la Vista sin interferencia del pensamiento.

Con el paso del tiempo, no solo se va haciendo más simple, sino que esta “nueva manera de ver” te va a ir preparando para ser un Gran Meditador, pronto veremos cómo incorporar los otros sentidos al proceso sistemático.

Por ahora no te apures, y disfrutá de tu conquista!

Segundo paso: la transformación del sonido

Decíamos en nuestro número anterior que nuestra mente tiene arduo
entrenamiento para estar continuamente pensando y si le “ordenamos” ponerse en
blanco, se confunde y, a menudo, se revela .

Por eso, lo ideal es ir conquistándola de a poco, al mismo tiempo que la
entrenamos y el camino más certero y simple es hacerlo a través de nuestros
sentidos.

En esta oportunidad vamos a trabajar la transformación del sonido
encontrándonos con nuestro sentido del oído.

Si usas una alarma o despertador para levantarte, ese sonido no solo te levanta
de tu sueño, despierta tu mente y casi de inmediato esta comenzara a “disparar”
pensamientos que se relacionan con las actividades que te tocan ese día, las
personas que vas a ver, las cosas que hacer y, de ahí, pasas a sumergirte en
pensamientos que, paradójicamente, no te dejan oír los sonidos a tu alrededor.

Inclusive, la mayoría de las veces, usamos la palabra “ruido” para definir los
sonidos de una familia al despertarse, a veces los de los vecinos o de una calle
atrás de la ventana. Les llamamos ruido, básicamente porque son distractores de
nuestro pensamiento, con el que estamos muy confortables, pero no nos damos
cuenta de cuánto estamos “dejando de escuchar” o inclusive generando cierto
nivel de rechazo hacia las cosas que generan ese ruido.

Uno de los recursos más comunes para identificarnos con el sentido auditivo es
poner música y eso está muy bueno, pero te asombraría darte cuenta que a
veces no la escuchamos por completo, porque nos lleva hacia pensamientos que
pueden ser muy agradables, pero nos apartan del presente inmediato.

La propuesta actual es rescatar el sentido del oído, tomar conciencia de su
valor y fuerza en nuestra vida, iniciando el día con la incorporación de este
sentido: al despertar, solo dedícale unos minutos (a partir de 1 minuto, los que
quieras!), solo para escuchar.

Escuchá todos los sonidos que están a tu alrededor, identifícalos, no los
enjuicies ni califiques, solo identifícalos: el sonido de la ducha, el vecino haciendo
algo, el sonido del perro ladrando, el agua hirviendo, tu propio pis! No eludas
nada, no califique ninguno. No es “ahí está el perro ladrando otra vez, que le
pasará”, o “que feo el sonido del pis sobre el agua”, es solo identificarlos de la
manera más concreta y objetiva posible.

Podes hacer esto tantas veces como te acuerdes en el día, por ejemplo cuando
vas camino al trabajo o a alguna actividad , o mejor aún, mientras esperas a que
te atiendan en un sitio, tomalo como un juego, un juego en el que nunca perdés
y siempre ganás.

¿Qué gano? El entrenamiento de tu mente, más allá de lo que imaginas.
Descubrirás sonidos que no tenias consciente y te encontraras con sonidos cuya
existencia habías olvidado.

Las practicas duran lo que vos quieras o puedas, nada es mucho y nada es poco,
porque es a tu ritmo, de hecho se trata de no forzarte e ir reconquistando el
sentido, de a poco. Recordá que lo abandonaste como parte de las presiones de
la vida así que seria absurdo ahora presionarnos para recuperarlo.

Más adelante, no mucho más, será muy simple entrar en el terreno de los mantra
de meditación, de los que seguramente has oído hablar y parecen muy lejanos.

Los mantras son muy usados por budistas, hinduistas y practicantes de yoga y
meditación. Los más conocidos en occidente son el OM y el Hare Krishna, ambos
con poderes “ sobrenaturales”, su frecuencia sonora crea un poder energético que
te lleva a lugares in-imaginados, precisamente porque “detienen” el pensamiento
conduciéndolo hacia la armonía.

Pronto iremos viendo como podes llegar a esos lugares y descubriendo tu propios
mantras.

Por ahora disfrutá del juego de los sonidos, que ya no serán ruidos!!!

Coronavirus

REVISTA PULSO-4

Alimentación durante el embarazo

Una buena alimentación en embarazadas es tan importante para ellas como para los bebés en gestación. Dependiendo si la mujer tiene o no un buen estado nutriciona,l puede impactar de forma positiva o negativa en la salud de ambos.

Idealmente el embarazo debería ser planificado y así tener una oportunidad para modificar malos hábitos, mejorar el estado nutricional, alcanzar un peso adecuado (ya sea por estar en déficit o exceso) y asegurar el aporte y reserva de nutrientes esenciales para el desarrollo del bebé y para mantener la salud de la madre.

Durante el embarazo buscamos que la nutrición sea adecuada para:

  • Favorecer el crecimiento y desarrollo fetal normal, evitando bajo o alto peso al nacer y malformaciones.
  • Reducir el riesgo de diabetes gestacional, anemia, preeclampsia y eclampsia y así disminuir complicaciones durante el embarazo, parto y puerperio.
  • Tener un aumento adecuado de peso para poder reducir el riesgo de obesidad o desnutrición post-parto.

En ningún otro momento de la vida se visualizan mejor los beneficios de una buena alimentación como en el embarazo. Es un período de cambios fisiológicos intensos que se llevan a cabo para adaptarse a la gestación y, para sustentar estos cambios, hay un pequeño aumento en los requerimientos de energía y diferentes nutrientes, sobre todo los que se consideran críticos en esta etapa de la vida.

Nutrientes críticos y cómo cubrirlos:

Calcio: En el tercer trimestre de gestación se produce un traspaso importante de calcio de la madre al feto, por lo que es esencial contar con reservas previas de este mineral, así como un buen aporte diario. Buenos niveles de calcio disminuyen el riesgo de hipertensión en el embarazo, de un parto prematuro y de osteoporosis en la madre en etapas posteriores. En esta etapa se recomienda consumir 3 porciones diarias de lácteos magros. 1 porción equivale a 1 taza de leche o yogur, 30g de queso, 5 cucharadas de ricota, 3 cucharadas de queso rallado o leche en polvo. En el caso que no se consuman lácteos se debe hacer énfasis en alimentos fortificados, semillas y frutos secos activados y si aún no se cubre el requerimiento se puede suplementar.

Hierro: Bajas concentraciones de hierro provocan anemia y a medida que esta es más severa, aumentan más las probabilidades de mortalidad materna, bajo peso al nacer y prematurez en el bebé. El requerimiento de hierro se duplica en esta etapa por lo que se requiere suplementación, pero esto no quiere decir que no se deba cuidar el aporte de este nutriente mediante los alimentos. Carnes, legumbres, cereales (sobre todos los fortificados como la harina de trigo y derivados) son fuentes de hierro, también vegetales de hojas verdes. Para aumentar la absorción de este mineral debemos acompañarlo de vitamina C (tomate, morrón crudo o cítricos en la misma comida, como postre o jugo), betacarotenos y vitamina A (zanahoria, calabaza, choclo, verduras de hojas oscuras) y apartar la toma de infusiones como té, mate o café de 2 a 3 horas de las comidas principales.

Ácido fólico: Un déficit de esta vitamina aumenta el riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y restricción del crecimiento intrauterino. Su consumo y suplementación es importante desde antes de la gestación para evitar malformaciones congénitas que se pueden desarrollar en el comienzo del embarazo. Los alimentos que contienen esta vitamina son los vegetales verde oscuro, legumbres, jugo de naranja y alimentos fortificados (harina de trigo y sus derivados).

Ácidos grasos omega 3: Un buen aporte favorece el desarrollo del sistema neurológico y visual, un mejor peso al nacer y menor incidencia de prematuros. A su vez, modula la respuesta inmunológica del recién nacido y prevenir procesos alérgicos. Para cubrir los requerimientos de este nutriente se recomienda consumir pescado graso (atún, anchoa, palometa, bonito, sardina, trucha, arenque, burriqueta, salmón) 1 o 2 veces a la semana y 2 cucharadas de aceite de oliva, canola o soja (preferentemente crudo).

Zinc: Es fundamental para la formación de órganos fetales, sobre todo en la primer instancia del embarazo. Su déficit se relaciona a bajo peso al nacer, parto prematuro y complicaciones obstétricas. Su requerimiento se cubre fácilmente si se consumen carnes o legumbres diariamente. También está presente en frutos secos, semillas y cereales.

Vitamina D: Si existen bajas cantidades de esta vitamina en sangre en la madre es muy probable que el bebé nazca con deficiencia. Un déficit grave puede ocasionar hipocalcemia e hiperparatiroidismo secundario en la madre y en el bebé puede generar hipocalcemia, convulsiones y raquitismo si no se expone a la luz solar ni se suplementa de forma adecuada. La mayoría de las personas satisfacen sus necesidades de vitamina D con exposición solar (de 10-15 minutos 3 veces a la semana), si no se puede obtener consumiendo carnes, huevo y queso o suplementándose.

Lic. Camila Barate

094 477 581

5 diferencias entre Artrosis y Artritis

Las enfermedades de las articulaciones como la artrosis y la artritis son de las enfermedades crónicas más habituales. Los problemas articulares representan más del 10% de todas las consultas al médico, y, según el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, la artrosis y la artrisis representan el 16% de las enfermedades crónicas, solo por detrás de la hipertensión (25%).

A pesar de que la artrosis y la artritis son enfermedades tan comunes, es habitual confundirlas o referirse a ellas como si fueran una única enfermedad, pero lo cierto es que son enfermedades diferentes, con síntomas y procesos diferenciados.

¿Qué son la Artrosis y la Artritis?

La artrosis es una enfermedad crónica y degenerativa provocada por la destrucción del cartílago articular, que es el tejido elástico y firme que recubre los extremos de los huesos y que, unidos, forman la articulación.

La artritis, en cambio, es la inflamación de las articulaciones causada por una alteración de la membrana sinovial, que es la capa que recubre toda la articulación y que permite que se produzca movimiento gracias al líquido sinovial.

¿Cuáles son las causas de la Artrosis y la Artritis?

Los factores más importantes que intervienen en la aparición de la artrosis son:

Edad: La edad es una de las causas que tiene una relación más directa con la artrosis. Es por este motivo que es una enfermedad asociada con el envejecimiento y con las personas mayores.

Género: A partir de los 55-60 años, la edad en que la artrosis empieza a ser mucho más frecuente, ésta afecta de modo significativo a las mujeres e incluso puede llegar a ser más severa y afectar a un número mayor de articulaciones que a los hombres.

Actividad profesional y actividad física: La sobrecarga de las articulaciones y los movimientos repetitivos están estrechamente ligados con la aparición de la artrosis. Así, determinadas profesiones como por ejemplo los que utilizan mucho las manos o los deportistas profesionales como los futbolistas, tienen más riesgo de padecer artrosis.

Genéticas: Aunque no se conoce exactamente la influencia del componente genético sobre la enfermedad, se le atribuye entre el 50 y el 60% del riesgo de padecer artrosis.

Obesidad: Son numerosos los estudios que demuestran la relación entre obesidad y artrosis de cadera, rodilla y manos. La explicación más aceptada es que el sobrepeso aumenta la presión sobre las articulaciones y esto afecta negativamente al cartílago articular.

Por otro lado, en la artritis las causas más significativas son:

Género: La artritis también es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, y, aunque puede aparecer a cualquier edad, afecta sobre todo a mujeres de 40 y 50 años.

Postraumáticas: Un golpe en una articulación puede provocar una alteración de la membrana sinovial, de manera que aumente la cantidad de líquido sinovial en la articulación, produciendo inflamación i dolor.

Infecciones: En ocasiones, ocurre que virus y bacterias son capaces de llegar hasta nuestras articulaciones. Si nuestro organismo no puede combatirlos, éstos se desarrollan, causando la aparición de artritis.

Inmunológicas: Las células de nuestro organismo que tienen la función de defendernos de la agresión de agentes externos, dejan de reconocer como propios algunos de los componentes de nuestro organismo, y actúan, en este caso, contra la membrana sinovial, produciendo inflamación crónica. Es el caso de la Artritis Reumatoide.

¿A quién afecta la Artrosis y la Artritis?

La artrosis es una enfermedad que es mucho más común en mujeres que en hombres y que está estrechamente relacionada con el envejecimiento. Es por este motivo que afecta principalmente a gente mayor. Asún así, no todas las personas mayores la padecen y, como hemos visto anteriormente, existen otros factores que pueden determinar la aparición de artrosis.

A diferencia de la artrosis, que tiene una relación clara con el envejecimiento, la artritis puede afectar a personas de cualquier edad. Desde personas jóvenes hasta ancianos. Según un estudio de la Coordinadora Nacional de Artritis, un 61,7% de los enfermos entrevistados tienen una edad comprendida entre los 26 y los 55 años.

¿En qué articulaciones son más frecuentes la Artrosis y la Artritis?

Las localizaciones más frecuentes de la artrosis son las manos, la columna, la cadera, las rodillas y el primer dedo de los pies. Rara vez aparece artrosis en otras articulaciones.

La artritis, en cambio, afecta a un número mayor de articulaciones, siendo frecuente en muñecas, nudillos, dedos, manos y pies, codos, hombros, caderas y también rodillas y tobillos.

¿Cuáles son los síntomas de la Artrosis y la Artritis?

Los síntomas que tienen en común la artrosis y la artritis son el dolor y la rigidez.

En la artrosis, el dolor es de tipo mecánico, es decir, que aparece cuando sometemos a las articulaciones a un esfuerzo como estar de pie, caminar o alguna actividad con las manos. Por lo tanto, el dolor empeorará con el movimiento pero se aliviará con el reposo. En cambio, en el caso de la artritis, el dolor suele durar durante toda el día, empeora con el reposo y es más intenso durante la noche.

En cuanto a la rigidez articular, en la artrosis suele ser local, pasajera, ya que se alivia rápidamente con el movimiento y suele limitarse solo a la articulación afectada. En la artritis, por el contrario, la rigidez es más generalizada, es más intensa al levantarse y no remite tan fácilmente, ya que suele durar más de media hora.

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